Los tacones no son cómodos.

Pocas se atreven a seguir los pasos de Kristen Stewart y acudir en deportivas a un evento de tal calibre, porque los tacones serán incómodos pero también estilizan y mejoran cualquier look. Y aunque se lleven toda la mala fama, el resto de los zapatos tampoco son perfectos para nuestros pies. Cada uno tiene lo suyo, desde las bailarinas a las botas de agua: no hay calzado perfecto, todos dejan huella.

Rozaduras, uñeros, juanetes y callosidades son algunos de los principales daños que los zapatos ocasionan en el pie, aunque éste no es el único que sufre las consecuencias de una mal calzado. Columna, cadera, rodillas y articulaciones también la padecen. Antonio Martín García, miembros de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología, SECOT, nos detalla cuáles son los problemas que cada modelo genera y advierte que lo mejor es “comprar los zapatos mirando al techo y preguntarle a los verdaderos sensores (nuestros pies) qué quieren”. Nos llevaríamos auténticas sorpresas al descubrir sus preferencias.

Zapatos o sandalias de tacón

zapatos tacon

Es el zapato de fiesta preferido por las mujeres. No pasa nunca de moda y eso a pesar de las críticas que recibe por parte de especialistas y las propias usuarias. Suelen tener suela fina y fino e infinito tacón.

A favor: Suman centímetros a quien los llevan y estilizan las piernas. Cuanto más alto es el tacón, mejor figura se consigue. Resultan muy atractivos.

En contra: Llevarlo es como “ir de puntillas con los dedos estirados al máximo y con apenas la punta de un lápiz como apoyo del talón”, señala Antonio Martín García. Cuanto más alto es el tacón más se carga la parte delantera del pie lo que puede provocar uñeros, dolor en la zona y hasta juanetes (una deformidad crónica en los huesos del pie), como señaló un estudio realizado en 2013 por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y la Clínica CEMTRO. Cargar el peso sobre la parte delantera del pie también puede producir fascitis plantar, una inflamación que resulta especialmente dolorosa cuando se empieza a caminar después de horas de reposo. A todos estos problemas se suman consecuencias en la columna ya que los tacones adelantan el eje corporal y de esta forma se aumenta la curvatura lumbar (lordosis), provocando dolor en la zona. La diseñadora Chie Mihara), quien aprendió las necesidades de los pies trabajando en una tienda de zapatos ortopédicos, añade un inconveniente más al tacón de aguja: “La estabilidad es otro factor muy importante para la comodidad y buscar el equilibrio en estos zapatos no es lo más adecuado. Las bases de los tacones deberían de ser más anchas para dar estabilidad al andar”.

Si además el zapato acaba en punta, los dedos pueden comprimirse hasta límites insospechados. Esta forma obliga al pie a una adaptación forzada, provocando malestar, limitando la circulación sanguínea y a veces generando malformaciones. Existen técnicas paliativas para mejorar el dolor pero la desviación ósea y la pérdida de movilidad son irrecuperables. Solo se logra pasando por quirófano.

Modo de empleo: Los especialistas no los recomiendan en ningún caso pero saben que es prácticamente erradicar su uso. Lo recomendable en cualquier caso es evitar esa costumbre tan típica en los días de boda de llevar unas bailarinas en el bolso y saltar del tacón al plano. “Es la forma de evitar que el músculo del arco del pie tenga este estirón de golpe”, señala Mihara.

Manoletinas o bailarinas

bailarinas

Son los zapatos planos por excelencia. Tienen la suela fina, muy fina, y casi no sujetan el pie.

A favor: Nada. No estilizan y tampoco resultan cómodos para caminar.

En contra: Transmiten todas las imperfecciones del terreno y solo protegen de la suciedad. “Estos zapatos generan molestias en el talón porque no estamos acostumbrados a tan poca protección y que esa parte del pie aguante tanto peso (el 70% de nuestro cuerpo)”, explica Antonio Martín García. Para las mujeres con una cierta propensión (durezas bajo la almohadilla distal), la poca elevación resulta letal ya que agrave el dolor. Además suele generar calambres, dolores musculares y contracturas, según señala un informe de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo.

Modo de empleo: “No alivian ninguna molestia. No las recomendaría nunca”, asegura Martín.

Sandalias planas

sandals

El concepto es muy parecido al de las manoletinas pero con la diferencia de que el pie va al aire, a veces sin sujeción trasera.

A favor: “Aportan una buena ventilación en los pies tendentes a las infecciones fúngicas (hongos) y dan libertad a los pies anchos”, señala Antonio Martín García.

En contra: Posee las mismas desventajas que el zapato plano de suela fina. Produce calambres, agrava propensiones y generan dolores musculares. Las sandalias que no cuentan con la sujeción adecuada pueden además alterar la forma de caminar de las personas, según un estudio de la Auburn University.

Modo de empleo: Valen para acercarse a la tienda de abajo o ir a la piscina pero desde luego no es el calzado ideal para recorrer la Acrópolis ateniense durante las vacaciones de verano.

Sandalias romanas

sandalias romanas

Son como las sandalias planas pero van sujetas con correas que a veces llegan hasta media pierna.

A favor: El pie queda al descubierto (sin peligro de infecciones fúngicas) y además está agarrado, por lo que se aminoran los riesgos derivados de la mala sujeción como los temidos esguinces.

En contra: A veces se confunden los términos y la sujeción llega a ser un martirio. “Cuanto más apretadas sean, menos se mueven…. las tiras y la sangre”, asegura Martín.

Modo de empleo:
Hay que evitarlas si se hinchan los pies o si se padecen varices. Tampoco son muy aconsejables cuando tienes por delante un día de intensa caminata.

Chanclas

flip flop

Son sandalias planas con suela de goma y sin nada de sujeción. Apenas una tira entre el dedo gordo y el siguiente sirven para mantenerlas en su sitio.

A favor:
El pie está aireado.

En contra: “La mayoría son demasiado planas, demasiado delgadas y demasiado abierta””. Así las define la doctora Jacqueline Sutera, experta en podología y cirugía de Nueva York. Las chanclas no proporcionan amortiguación en la planta del pie ni tampoco soporte para el mismo. Su uso puede alterar la forma de caminar, ya que las personas suelen arrugar los dedos para mantener el calzado en su sitio mientras que el talón queda totalmente levantado y sin apoyo.
Según la web de salud LiveScience, este movimiento estira la fascia plantar causando inflamación, dolor, protuberancias y cansancio, sobre todo en personas con sobrepeso. Además al quedar suelto, el dedo gordo se puede lesionar con más facilidad.

Modo de empleo: Son zapatos para ir a la playa o la piscina y se tienen que usar con ese fin. En ningún caso se recomienda para el día a día ya que pueden provocar casi de todo: inflamación, tendinitis, dolor en el talón, esguinces, fracturas y lesiones provocadas por accidentes como pisar un clavo.

Mocasines

mocasines

Es el zapato que resulta de combinar el clásico castellano (zapato de cuero, de horma ancha, pequeño tacón y suela gruesa) con una manoletina plana, de suela fina y sin contrafuerte. Los Tod’s son el ejemplo perfecto.

A favor: El material. Suelen ser de nobuk, “un cuero fino que se adapta a pies anchos o con deformidades como los dedos en garra y juanetes y los suele dejar respirar”, señala Martín.

En contra: A veces esta reconversión del castellano tiene una suela demasiado fina por lo que aunque sean cómodos no aíslan del suelo, así que con ellos se sufre casi tanto como con bailarinas.

Modo de empleo: Los mocasines clásicos son válidos para todo porque son zapatos cómodos, especialmente cuando ya están muy usados porque el cuero se habrá deformado para adaptarse al pie, y porque cuentan con una suela que protege de las irregularidades del terreno. Los problemas surgen con las nuevas variantes de suela fina y a veces menos sujeción.

Naúticos

nautico

A medio camino entre los Tod’s y los mocasines clásicos. La suela de los náuticos es fina y de goma lo que en teoría permite no resbalar en la cubierta del barco. Los cordones son pura decoración.

A favor: Son zapatos cómodos por estar hechos de cuero blando y por tener una horma ancha, adaptable a los pies más complicados.

En contra: Antonio Martín recuerda que en ocasiones los náuticos son de suela fina y poco tacón y eso ya sabemos que tiene consecuencias negativas (véase el apartado “manoletinas y bailarinas”).

Modo de empleo: “Per sé no son malos, pero no poseen ninguna cualidad como para recomendarlos en pies con alguna patología”, apunta Martín.

Zuecos

zueco

Estos zapatos de origen sueco se han convertido en el calzado típico del personal sanitario. En las zapaterías hay una variante hecha en piel y con suela de goma.

A favor: Su suela almohadillada reconforta algunos pies y “la cuña de 3-4 cm da estabilidad y suficiente altura como para distribuir la carga de peso al 50% entre la parte anterior y posterior del pie”, señala Antonio Martín.

En contra: En general están abiertos por detrás lo que produce chancleteo (el zapato va por un lado y el pie por otro). Para evitar esto se tiende a caminar con los dedos contraídos creando artificialmente unos dedos en garra. La falta de sujeción también propicia torceduras.

Si además se trata de unos zuecos con suela de madera, “son bastante ingobernables, duros y no muy cómodos, sobre todo cuando carecen de forma de barco en su zona anterior”, explica Martín. Además, como señala la diseñadora Chie Mihara, la suela de madera hace que estos zapatos pesen más de la cuenta: “A las dos horas producen calambres y hacen que duelan los huesos de los pies”.

Modo de empleo: No deberíamos fiarnos porque médicos y enfermeras lleven unos parecidos, advierte Antonio Martín, quien no los recomienda en ningún caso.

Crocs

crocs

Bajo esta marca se comercializan lo que podríamos definir como zuecos de espuma.

A favor: “Suelen ser planos, pero esa espuma blanda los hace muy confortables en pies con duricias. Además son muy anchos lo que permite que los pies anchos o con deformidades se encuentren cómodos dentro de ellos. Por último, los enormes agujeros evitan el ‘recocimiento’ que sus hermanos de polipiel producen”, señala Antonio Martín García. El croslite, una patentada resina de células cerradas con el que están hechos, es antibacterial y resistente a los malos olores.

En contra: A veces no llevan tira posterior y eso genera problemas de sujeción. Estéticamente tampoco son muy bonitos y es complicado encontrar ropa para combinarlos.

Modo de uso: Todo parecen ventajas, especialmente cuando van sujetos por detrás.

Botas y botines

botas

Ese calzado que permite que el frío invierno no sea tan duro para nuestros pies.

A favor: Las botas y botines aportan estabilidad al tobillo, recogen el pie con un contrafuerte duro y suelen tener una suela gruesa para aislar del frío y de paso de las imperfecciones del terreno. “A esto se suma que la mayoría cuenta con un tacón moderado, para no resbalar con el piso húmedo, y de paso repartir el trabajo entre la zona anterior y posterior del pie. Algunas tienen tacón en cuña, lo que aporta una estabilidad suplementaria en la torsión el pie”, señala Martín.

En contra: “No suelen gustar a los pies cavos que encuentran difícilmente su sitio en estos zapatos”, añade el especialista.

Modo de empleo: Apostar por las botas camperas y de tacón ancho. El resto de modelos (plataformas, tacones de agujas…) ya no resultan tan cómodos.

Botas de goma

hunter

Son las katiuskas de toda la vida, ahora de moda gracias a la marca Hunter.

A favor: “Suelen producir sensación de comodidad por su anchura”, explica Antonio Martín quien señala que esto hace que muchas mujeres las adoren. Además resisten al agua.

En contra: El plástico y polipiel con el que están hechas no son buenos amigos del uso intensivo o de la respiración del pie. La doctora Jacqueline Sutera añade que estas botas “generan un ambiente húmedo porque están hechas de material no transpirable, además su poca flexibilidad produce fatiga al caminar y resultan incómodas en la pantorrilla. Su uso excesivo puede provocar hongos, bacterias y ampollas”. Su poca flexibilidad crea andares un poco marciales.

Modo de empleo: En días de lluvia intensa se agradece llevar los pies a salvo de agua.

Zapatos de cuña

cuñas

Son el hermano cómodo del tacón y resultan ideales cuando la cuña no supera los tres centímetros… aunque la estética y la moda las suele elevar sin pensar en las consecuencias.

A favor: Ofrecen mejor apoyo para los pies y permiten caminar mejor. Además se pueden tener puestos durante horas sin sentir tanto dolor.

En contra: “La inclinación que tienen ejerce presión sobre el pie haciendo que el cuerpo se haga hacia adelante, lo que puede causar hiperextensión, esguinces de tobillo (especialmente con las cuñas desmedidas que vemos cada verano en las tiendas), fractura en la parte media del pie y juanetes”, explica Jacqueline Sutera. También producen nervios pellizcados y dedos en martillo.

Modo de empleo: Quedan bien con todo tipo de looks. El problema es que tendemos a usar cuñas demasiado altas y ya no son tan cómodos.

Deportivas que no sirven para el deporte

converse

Aquí podemos incluir desde las Converse hasta las clásicas Victoria o las Vans, aunque éstas tienen suela más gruesa.

A favor: Sujetan perfectamente porque llevan cordones. Al estar hechas en lona suelen ser flexibles por lo que resultan muy cómodas para personas con juanetes y dedos en martillo.

En contra: El calzado estilo Converse posee una suela demasiado fina por lo que no proporcionan una adecuada absorción de impactos y amortiguación. Esto produce inflamación, tendinitis, dolor en el talón y fracturas.

Modo de empleo: No usarlos nunca para hacer deporte. Tampoco es muy recomendable para largos paseos por suelos empedrados.

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