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Limpieza del calzado

• Para limpiar el calzado utiliza una esponja seca gruesa. Con ella podrás retirar el polvo, grasas y cualquier otro suciedad que se adhiera al zapato.

• Si necesitas lustrar el zapato es importantes que pases el “griffin” con cuidado, buscando cubrir el cuero con una fina capa de pintura sin escurrir. Deja secar esta primera pasada y retoca nuevamente donde sea necesario.

• Para conseguir brillo extra en los zapatos cerrados y botas, después de lustrarlos y pulirlos, aplica una nueva capa de grasa con un paño ligeramente húmedo, frotándolo con movimientos rotativos. Después de este procedimiento, utilice una media de nylon o un trozo de seda para darle brillo.

• Si buscas eliminar el mal olor que suele concentrarse en los zapatos, usa regularmente desodorante para calzado o talco antiséptico en los pies.

• Las manchas más fuertes no se podrán resistir a este viejo truco: roza el área con migajas de pan y podrás disfrutar de tus zapatos nuevamente.

• Para combatir las manchas de grasa utiliza la siguiente mezcla: 4 cucharadas de alcohol y una cucharada de sal. Lo que sobre guárdalo en un recipiente de vidrio bien cerrado para utilizarlo cuando sea necesario.

• Si tus zapatos recibieron un poco de lluvia, no trates de secarlos al sol, ya que podrían deformarse. En su lugar utiliza un periódico para retirar un poco la humedad y colócalos a la sombra. Si el zapato quedó rígido o áspero usa un poco de vaselina.

• Para eliminar las manchas en los zapatos de color claro emplea un poco de leche.

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Los tacones no son cómodos

Los tacones no son cómodos.

Pocas se atreven a seguir los pasos de Kristen Stewart y acudir en deportivas a un evento de tal calibre, porque los tacones serán incómodos pero también estilizan y mejoran cualquier look. Y aunque se lleven toda la mala fama, el resto de los zapatos tampoco son perfectos para nuestros pies. Cada uno tiene lo suyo, desde las bailarinas a las botas de agua: no hay calzado perfecto, todos dejan huella.

Rozaduras, uñeros, juanetes y callosidades son algunos de los principales daños que los zapatos ocasionan en el pie, aunque éste no es el único que sufre las consecuencias de una mal calzado. Columna, cadera, rodillas y articulaciones también la padecen. Antonio Martín García, miembros de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología, SECOT, nos detalla cuáles son los problemas que cada modelo genera y advierte que lo mejor es “comprar los zapatos mirando al techo y preguntarle a los verdaderos sensores (nuestros pies) qué quieren”. Nos llevaríamos auténticas sorpresas al descubrir sus preferencias.

Zapatos o sandalias de tacón

zapatos tacon

Es el zapato de fiesta preferido por las mujeres. No pasa nunca de moda y eso a pesar de las críticas que recibe por parte de especialistas y las propias usuarias. Suelen tener suela fina y fino e infinito tacón.

A favor: Suman centímetros a quien los llevan y estilizan las piernas. Cuanto más alto es el tacón, mejor figura se consigue. Resultan muy atractivos.

En contra: Llevarlo es como “ir de puntillas con los dedos estirados al máximo y con apenas la punta de un lápiz como apoyo del talón”, señala Antonio Martín García. Cuanto más alto es el tacón más se carga la parte delantera del pie lo que puede provocar uñeros, dolor en la zona y hasta juanetes (una deformidad crónica en los huesos del pie), como señaló un estudio realizado en 2013 por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y la Clínica CEMTRO. Cargar el peso sobre la parte delantera del pie también puede producir fascitis plantar, una inflamación que resulta especialmente dolorosa cuando se empieza a caminar después de horas de reposo. A todos estos problemas se suman consecuencias en la columna ya que los tacones adelantan el eje corporal y de esta forma se aumenta la curvatura lumbar (lordosis), provocando dolor en la zona. La diseñadora Chie Mihara), quien aprendió las necesidades de los pies trabajando en una tienda de zapatos ortopédicos, añade un inconveniente más al tacón de aguja: “La estabilidad es otro factor muy importante para la comodidad y buscar el equilibrio en estos zapatos no es lo más adecuado. Las bases de los tacones deberían de ser más anchas para dar estabilidad al andar”.

Si además el zapato acaba en punta, los dedos pueden comprimirse hasta límites insospechados. Esta forma obliga al pie a una adaptación forzada, provocando malestar, limitando la circulación sanguínea y a veces generando malformaciones. Existen técnicas paliativas para mejorar el dolor pero la desviación ósea y la pérdida de movilidad son irrecuperables. Solo se logra pasando por quirófano.

Modo de empleo: Los especialistas no los recomiendan en ningún caso pero saben que es prácticamente erradicar su uso. Lo recomendable en cualquier caso es evitar esa costumbre tan típica en los días de boda de llevar unas bailarinas en el bolso y saltar del tacón al plano. “Es la forma de evitar que el músculo del arco del pie tenga este estirón de golpe”, señala Mihara.

Manoletinas o bailarinas

bailarinas

Son los zapatos planos por excelencia. Tienen la suela fina, muy fina, y casi no sujetan el pie.

A favor: Nada. No estilizan y tampoco resultan cómodos para caminar.

En contra: Transmiten todas las imperfecciones del terreno y solo protegen de la suciedad. “Estos zapatos generan molestias en el talón porque no estamos acostumbrados a tan poca protección y que esa parte del pie aguante tanto peso (el 70% de nuestro cuerpo)”, explica Antonio Martín García. Para las mujeres con una cierta propensión (durezas bajo la almohadilla distal), la poca elevación resulta letal ya que agrave el dolor. Además suele generar calambres, dolores musculares y contracturas, según señala un informe de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo.

Modo de empleo: “No alivian ninguna molestia. No las recomendaría nunca”, asegura Martín.

Sandalias planas

sandals

El concepto es muy parecido al de las manoletinas pero con la diferencia de que el pie va al aire, a veces sin sujeción trasera.

A favor: “Aportan una buena ventilación en los pies tendentes a las infecciones fúngicas (hongos) y dan libertad a los pies anchos”, señala Antonio Martín García.

En contra: Posee las mismas desventajas que el zapato plano de suela fina. Produce calambres, agrava propensiones y generan dolores musculares. Las sandalias que no cuentan con la sujeción adecuada pueden además alterar la forma de caminar de las personas, según un estudio de la Auburn University.

Modo de empleo: Valen para acercarse a la tienda de abajo o ir a la piscina pero desde luego no es el calzado ideal para recorrer la Acrópolis ateniense durante las vacaciones de verano.

Sandalias romanas

sandalias romanas

Son como las sandalias planas pero van sujetas con correas que a veces llegan hasta media pierna.

A favor: El pie queda al descubierto (sin peligro de infecciones fúngicas) y además está agarrado, por lo que se aminoran los riesgos derivados de la mala sujeción como los temidos esguinces.

En contra: A veces se confunden los términos y la sujeción llega a ser un martirio. “Cuanto más apretadas sean, menos se mueven…. las tiras y la sangre”, asegura Martín.

Modo de empleo:
Hay que evitarlas si se hinchan los pies o si se padecen varices. Tampoco son muy aconsejables cuando tienes por delante un día de intensa caminata.

Chanclas

flip flop

Son sandalias planas con suela de goma y sin nada de sujeción. Apenas una tira entre el dedo gordo y el siguiente sirven para mantenerlas en su sitio.

A favor:
El pie está aireado.

En contra: “La mayoría son demasiado planas, demasiado delgadas y demasiado abierta””. Así las define la doctora Jacqueline Sutera, experta en podología y cirugía de Nueva York. Las chanclas no proporcionan amortiguación en la planta del pie ni tampoco soporte para el mismo. Su uso puede alterar la forma de caminar, ya que las personas suelen arrugar los dedos para mantener el calzado en su sitio mientras que el talón queda totalmente levantado y sin apoyo.
Según la web de salud LiveScience, este movimiento estira la fascia plantar causando inflamación, dolor, protuberancias y cansancio, sobre todo en personas con sobrepeso. Además al quedar suelto, el dedo gordo se puede lesionar con más facilidad.

Modo de empleo: Son zapatos para ir a la playa o la piscina y se tienen que usar con ese fin. En ningún caso se recomienda para el día a día ya que pueden provocar casi de todo: inflamación, tendinitis, dolor en el talón, esguinces, fracturas y lesiones provocadas por accidentes como pisar un clavo.

Mocasines

mocasines

Es el zapato que resulta de combinar el clásico castellano (zapato de cuero, de horma ancha, pequeño tacón y suela gruesa) con una manoletina plana, de suela fina y sin contrafuerte. Los Tod’s son el ejemplo perfecto.

A favor: El material. Suelen ser de nobuk, “un cuero fino que se adapta a pies anchos o con deformidades como los dedos en garra y juanetes y los suele dejar respirar”, señala Martín.

En contra: A veces esta reconversión del castellano tiene una suela demasiado fina por lo que aunque sean cómodos no aíslan del suelo, así que con ellos se sufre casi tanto como con bailarinas.

Modo de empleo: Los mocasines clásicos son válidos para todo porque son zapatos cómodos, especialmente cuando ya están muy usados porque el cuero se habrá deformado para adaptarse al pie, y porque cuentan con una suela que protege de las irregularidades del terreno. Los problemas surgen con las nuevas variantes de suela fina y a veces menos sujeción.

Naúticos

nautico

A medio camino entre los Tod’s y los mocasines clásicos. La suela de los náuticos es fina y de goma lo que en teoría permite no resbalar en la cubierta del barco. Los cordones son pura decoración.

A favor: Son zapatos cómodos por estar hechos de cuero blando y por tener una horma ancha, adaptable a los pies más complicados.

En contra: Antonio Martín recuerda que en ocasiones los náuticos son de suela fina y poco tacón y eso ya sabemos que tiene consecuencias negativas (véase el apartado “manoletinas y bailarinas”).

Modo de empleo: “Per sé no son malos, pero no poseen ninguna cualidad como para recomendarlos en pies con alguna patología”, apunta Martín.

Zuecos

zueco

Estos zapatos de origen sueco se han convertido en el calzado típico del personal sanitario. En las zapaterías hay una variante hecha en piel y con suela de goma.

A favor: Su suela almohadillada reconforta algunos pies y “la cuña de 3-4 cm da estabilidad y suficiente altura como para distribuir la carga de peso al 50% entre la parte anterior y posterior del pie”, señala Antonio Martín.

En contra: En general están abiertos por detrás lo que produce chancleteo (el zapato va por un lado y el pie por otro). Para evitar esto se tiende a caminar con los dedos contraídos creando artificialmente unos dedos en garra. La falta de sujeción también propicia torceduras.

Si además se trata de unos zuecos con suela de madera, “son bastante ingobernables, duros y no muy cómodos, sobre todo cuando carecen de forma de barco en su zona anterior”, explica Martín. Además, como señala la diseñadora Chie Mihara, la suela de madera hace que estos zapatos pesen más de la cuenta: “A las dos horas producen calambres y hacen que duelan los huesos de los pies”.

Modo de empleo: No deberíamos fiarnos porque médicos y enfermeras lleven unos parecidos, advierte Antonio Martín, quien no los recomienda en ningún caso.

Crocs

crocs

Bajo esta marca se comercializan lo que podríamos definir como zuecos de espuma.

A favor: “Suelen ser planos, pero esa espuma blanda los hace muy confortables en pies con duricias. Además son muy anchos lo que permite que los pies anchos o con deformidades se encuentren cómodos dentro de ellos. Por último, los enormes agujeros evitan el ‘recocimiento’ que sus hermanos de polipiel producen”, señala Antonio Martín García. El croslite, una patentada resina de células cerradas con el que están hechos, es antibacterial y resistente a los malos olores.

En contra: A veces no llevan tira posterior y eso genera problemas de sujeción. Estéticamente tampoco son muy bonitos y es complicado encontrar ropa para combinarlos.

Modo de uso: Todo parecen ventajas, especialmente cuando van sujetos por detrás.

Botas y botines

botas

Ese calzado que permite que el frío invierno no sea tan duro para nuestros pies.

A favor: Las botas y botines aportan estabilidad al tobillo, recogen el pie con un contrafuerte duro y suelen tener una suela gruesa para aislar del frío y de paso de las imperfecciones del terreno. “A esto se suma que la mayoría cuenta con un tacón moderado, para no resbalar con el piso húmedo, y de paso repartir el trabajo entre la zona anterior y posterior del pie. Algunas tienen tacón en cuña, lo que aporta una estabilidad suplementaria en la torsión el pie”, señala Martín.

En contra: “No suelen gustar a los pies cavos que encuentran difícilmente su sitio en estos zapatos”, añade el especialista.

Modo de empleo: Apostar por las botas camperas y de tacón ancho. El resto de modelos (plataformas, tacones de agujas…) ya no resultan tan cómodos.

Botas de goma

hunter

Son las katiuskas de toda la vida, ahora de moda gracias a la marca Hunter.

A favor: “Suelen producir sensación de comodidad por su anchura”, explica Antonio Martín quien señala que esto hace que muchas mujeres las adoren. Además resisten al agua.

En contra: El plástico y polipiel con el que están hechas no son buenos amigos del uso intensivo o de la respiración del pie. La doctora Jacqueline Sutera añade que estas botas “generan un ambiente húmedo porque están hechas de material no transpirable, además su poca flexibilidad produce fatiga al caminar y resultan incómodas en la pantorrilla. Su uso excesivo puede provocar hongos, bacterias y ampollas”. Su poca flexibilidad crea andares un poco marciales.

Modo de empleo: En días de lluvia intensa se agradece llevar los pies a salvo de agua.

Zapatos de cuña

cuñas

Son el hermano cómodo del tacón y resultan ideales cuando la cuña no supera los tres centímetros… aunque la estética y la moda las suele elevar sin pensar en las consecuencias.

A favor: Ofrecen mejor apoyo para los pies y permiten caminar mejor. Además se pueden tener puestos durante horas sin sentir tanto dolor.

En contra: “La inclinación que tienen ejerce presión sobre el pie haciendo que el cuerpo se haga hacia adelante, lo que puede causar hiperextensión, esguinces de tobillo (especialmente con las cuñas desmedidas que vemos cada verano en las tiendas), fractura en la parte media del pie y juanetes”, explica Jacqueline Sutera. También producen nervios pellizcados y dedos en martillo.

Modo de empleo: Quedan bien con todo tipo de looks. El problema es que tendemos a usar cuñas demasiado altas y ya no son tan cómodos.

Deportivas que no sirven para el deporte

converse

Aquí podemos incluir desde las Converse hasta las clásicas Victoria o las Vans, aunque éstas tienen suela más gruesa.

A favor: Sujetan perfectamente porque llevan cordones. Al estar hechas en lona suelen ser flexibles por lo que resultan muy cómodas para personas con juanetes y dedos en martillo.

En contra: El calzado estilo Converse posee una suela demasiado fina por lo que no proporcionan una adecuada absorción de impactos y amortiguación. Esto produce inflamación, tendinitis, dolor en el talón y fracturas.

Modo de empleo: No usarlos nunca para hacer deporte. Tampoco es muy recomendable para largos paseos por suelos empedrados.

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La importancia del calzado

Los pies son el soporte del cuerpo, en ellos se localiza casi una cuarta parte de los huesos del esqueleto humano y sin embargo muchas veces no se les presta la suficiente atención. Son órganos vitales no sólo en la práctica deportiva sino también para poder realizar las actividades cotidianas.

Contienen miles de terminaciones nerviosas que tienen su reflejo en otras zonas del cuerpo humano, por lo que si se cuidan y se mantienen sanos, el estado físico general del organismo también lo estará. Por el contrario, cualquier alteración en su morfología puede provocar molestias y dolores que afecten a todo el cuerpo.

Se calcula que las personas dan entre los 8.000 y 10.000 pasos al día, lo cual, a lo largo de su vida equivale a recorrer unos 200.000 kilómetros, o lo que es lo mismo, rodear cuatro veces el globo terráqueo. Con estos datos se puede imaginar el estrés al que los pies están sometidos a lo largo del día y la necesidad de cuidados que pueden requerir, al igual que el resto del cuerpo.

Cada individuo, además, tiene una personalidad mecánica para desplazarse, bien sea con las puntas de los pies hacia adentro o abiertas, o con las piernas más o menos arqueadas. Sin embargo en todas ellas el pie canaliza estas formas para hacer que las personas puedan andar.

La práctica deportiva, caminar mucho con zapatos que no son lo suficientemente blandos o que comprimen los pies, o simplemente tener que soportar un número elevado de kilos hacen que estas extremidades se resientan, haciendo que la capa superficial de piel se vaya engrosando hasta originar durezas bajo la planta del pie y callos, tanto sobre los dedos como entre éstos mismos.

Asimismo, una transpiración insuficiente puede provocar sequedad y asperezas en la piel y, especialmente en verano, si se debe permanecer durante un tiempo prolongado con los mismos zapatos, es fácil que el pie se recaliente y se produzcan hinchazones.

Ampollas y deformaciones
Un problema que la mayor parte de las personas ha padecido alguna vez son las ampollas. Por lo general, existe una pequeña diferencia de tamaño entre el pie derecho y el izquierdo y eso suele hacer que generalmente aparezcan en el mismo lugar. Son una reacción natural de la piel que, ante una fricción excesiva forma una pequeña bolsa. Si ésta llega a romperse, el dolor aumenta porque las terminaciones nerviosas quedan expuestas al exterior.

Para curarlas, hay que limpiar la zona afectada con agua y jabón o suero fisiólógico. Una vez seca se debe aplicar un antiséptico y cubrir. Existen unos apósitos especiales que hacen que la herida cicatrice antes.

La moda muchas veces tampoco ayuda en este sentido. Generalmente prevalece la estética a la comodidad, con tacones más altos de lo recomendable que pueden acabar repercutiendo en la espalda, zapatos sin talón que obligan a los dedos a trabajar más de la cuenta para sostener el calzado y tiras muy finas que se clavan en la piel.

Como consecuencia, la estructura fisiológica ósea del pie puede alterarse y hacer que aparezcan deformidades y otras patologías. En ocasiones, el pulgar suele llegar a desviarse de forma que no se mantiene alineado con el resto de los dedos sino que les hace daño, provocando lo que se conoce como “dedos martillo”, que además lastiman la piel de los dedos cercanos, dando lugar a ulceraciones y nudosidades.

Los expertos consideran que, a la hora crear los diseños de calzado, es importante elegir la altura del tacón, la anchura y sobre todo que sea una pieza cómoda. Muchas veces la moda y la confortabilidad están reñidas y hay que encontrar el punto de equilibrio entre las dos.

A la hora de comprar zapatos hay que tener en cuenta que las extremidades inferiores suelen acusar las variaciones de peso de la persona, la temperatura exterior o el embarazo. Lo más importante es que sea un calzado que sujete bien el pie. Conviene probarse el par completo para cerciorarse de que ambos pies se encuentran a gusto y tener en cuenta que a última hora de la tarde y especialmente si se ha estado de compras, los pies suelen estar hinchados, con lo que se corre el riesgo de elegir unos zapatos que luego queden grandes.

Si se trata de comprar calzado infantil, conviene dirigirse a establecimientos especializados y elegir zapatos suaves, que se adapten bien a la estructura del pie y que dispongan de espacio libre en la puntera para permitir que el niño pueda mover bien los dedos y que no le haga daño cuando el pie crezca. Para saber si el tamaño es el correcto, entre la puntera útil del zapato y el dedo más largo debe caber el grosor de un dedo. De cualquier forma, conviene observar si el calzado nuevo ocasiona a los pequeños rojeces o ampollas